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Sonidos estereofónicos del mexican lounge

Rafael Molina

No hay genio más pachucote comparable a Tin Tan, que Juan García Esquivel, contemporáneo de su locochona vida en los años cuarenta y cincuenta; mito y culto entre los mortales amantes de la música lounge. El músico Brian O’Neill se dio a la tarea de recuperar sus partituras y nos dice por qué.

Sus apologistas mexicanos lo remembran como el compositor musical del programa infantil televisivo Odisea Burbujas (del cual vendió más de un millón de discos, en 1980). Pero también sus seguidores glorifican su excentricidad visionaria que se adelantó a la producción musical futurista, que lo mitificó como The King of space age pop en los EU, y el Rey de la música lounge en el mundo.

Entre las desbordantes y delirantes invenciones que catapultó el compositor, arreglista y pianista tamaulipeco, sobresalió la experimentación del sonido estereofónico; pachequísimas orquestaciones que en los cincuentas dejaron atónitos —por no decir apendejados—a propios y extraños. Interponiendo pianos, trombones, guitarras, percusiones extravagantes, campanas chinas, arpas judías, acústicas futuristas, un verdadero pasón musical de un canal a otro (cocktail music lo llamaron en Gabacholandia).

Afortunadamente de Esquivel se conoce bastante (un mexicano más que fue reconocido en los EU más que en su país): desde su debut a los catorce años en la W en los años cuarenta, pasando por su triunfo en Las Vegas por varios años, mezclando con su orquestota el swing y el jazz con el /bossa/ y el mambo.

Se sabe que frecuentemente era telonero de Frank Sinatra en Las Vegas y hasta se conoce sobre sus cuatro matrimonios, pero no dejó ni huella de sus partituras. Esa ha sido la labor de Brian O’Neill, transcribir las partituras para reinterpretarlas con su propia candela orquestal.

“A Esquivel le gustaron cosas estereofónicas yo pienso que fue un ingeniero en electrónica, porque estaba descubriendo la idea de ecualizar la música con dos canales para su Hi Fi Stereo. Estaba experimentando con esta música a la que se le dio el nombre de Lounge, como lo hicieron Henry Mancinni, Percy Faith, Pérez Prado y otros directores de grandes bandas,” explica el director de la Mr. Ho’s Orchestrotica que se desplazó de Boston a Ecatepec para homenajear a Esquivel, en el Festival de los Nuevos Vientos (super huracanados).

Esquivel fue un arreglista, no fue un gran compositor, puntualiza el pianista graduado en percusiones en Berklee. La manera en que ejecutó sus arreglos músicales y las combinaciones de instrumentos especiales y diferentes, fue lo que le atrajo, asegura.

’En los álbumes que yo toco había cinco percusionistas, incluyendo batería, hay muchos sonidos muy interesantes para mí también con la guitarra slide y las vocalistas que no cantan con las letras formales. Es decir, en sus arreglos para coros siempre hay sonidos como ¡zu-zu! y ¡pow-pow! él usaba estos sonidos vocales como un saxofón o una sección de metales; por eso fue muy diferente con sus ideas vanguardistas.”

Una de las avanzadas inventivas esquivelianas, fue aproximarse al sonido stereo en su disco Latin-Esque (1962) con dos bandas en estudios separados grabando simultáneamente, coordinándolas en circuito cerrado con Stanley Willson, quien condujo la segunda banda.

“También a él siempre le gustaba contrastar un piccolo flautín con un tono de bajista como el trombón, tiene los extremos muy alto y muy bajo, y los dos músicos están tocando la melodía juntos. Es muy extraño en música de orquestas o bandas hacer eso,” dice entusiasmado Brian O’Neill?.

Convencido de que no hay partituras de Esquivel (al parecer se perdieron en un incendio) se dio a la tarea de transcribirlas “takes a long time, pero me gusta,”—comenta sonriente—. “Parece que la gente en México sabe de Esquivel a través del programa Burbujas, y por las películas, pero no conocen la obra musical que grabó en los Estados Unidos durante los cincuentas y sesentas,” aclara, y afirma que incluso su composición Mini skirt fue usada en un comercial de Pepsi.

Miembro del grupo La Tuza—antes llamado Son del Otro Lado—con el que interpreta y canta sones mexicanos: son calentano de Michoacán, son huasteco (huapango music) y son jarocho (con quijada de burro), O’Neill se suma a la lista de quienes rinden culto a Esquivel: Bono, Tarantino y Matt Groening. Un músico mexicano que estremeció a Las Vegas, cuando ningún paisano era aceptado siquiera como mesero.

Rafael Molina

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